Aprende a Sembrar Organico

TALLERES TEORICO PRACTICOS DE AGRICULTURA ORGANICA
Sembrar en la ciudad es posible!!

Cultivar flores, hierbas de olor y hortalizas en nuestra terraza.

Aunque vivamos en la ciudad, todos podemos disfrutar de un pequeño huerto ecológico si disponemos de una terraza o balcón. Cultivar puerros y tomates, recrear la vista en hortensias o rosales y llevar albahaca, menta o salvia a nuestra mesa son sólo algunas de las posibilidades que podemos llevar a la práctica en un reducido espacio urbano

EL BALCÓN SALUDABLE

¿Nos hemos parado a pensar qué vemos desde nuestra ventana? Un reciente estudio llevado a cabo con 3.144 ancianos de la Escuela Médica de Tokio ha constatado que quienes viven en zonas con árboles y vegetación, amplios espacios verdes y casas con abundante luz natural, viven hasta 5 años más que los residentes en núcleos urbanos congestionados o en zonas con el entorno muy degradado. El estudio concluye con una frase que merece ser tenida en cuenta: “Mirar los árboles alarga la vida”.

Cuando hicimos la elección de nuestra vivienda quizás tuvimos en cuenta si estaba rodeada de vegetación, pero es más probable que no le diéramos demasiada importancia y primáramos otros aspectos mas pragmáticos.

Si hemos decidido habitar en una gran urbe tal vez nos sentimos cómodos y a gusto en nuestro moderno y tecnificado apartamento y, aparte de ciertos inconvenientes, no cabe duda que vivir en una gran ciudad nos aporta grandes ventajas, entre las que prevalecen la facilidad de encontrar trabajo o el mayor acceso a ciertos servicios básicos (colegios, hospitales, centros comerciales…) y de ocio (cines, teatros, marcha nocturna…). De hecho, las ciudades resultan tan atractivas que se calcula que para 2010 el 50% de la población mundial vivirá en “megaciudades” de varios millones de habitantes.

Pero estas ciudades a menudo no ofrecen la suficiente dimensión humana y resulta frecuente ver a gran parte de la población recluida entre cuatro paredes que están, a su vez, aprisionadas entre una jungla de edificios grises y monótonos.
Con cierto pesar descubrimos cómo el deslumbramiento por las ventajas y facilidades del progreso y la tecnificación han conseguido que poco a poco hayamos ido renunciando a nuestras raíces, al contacto con la tierra, la vegetación y la naturaleza no asfaltada u hormigonada.

En cierto modo, nos tranquiliza que el ladrillo y la construcción tiren de la economía española y, aunque las viviendas se encarezcan alcanzando precios astronómicos, es probable que durmamos tranquilos pensando que “España va bien”.

Y, hete aquí que ahora que todo parecía tan bonito, vienen los aguafiestas de los japoneses a decirnos que si queremos disfrutar mas plenamente de la vida y vivir más años tenemos que “contemplar verde” de forma cotidiana y vivir en entornos con vegetación. “¡Vaya, y me lo dicen justo ahora! ¡Cuando me acabo de hipotecar a 20 años para adquirir el apartamento de 70 metros cuadrados en el que vivo!”.
Cada problema tiene una solución y cuando no hay verde alrededor siempre podemos crearlo o hacer algo para disfrutar de la vegetación. De hecho, la mayoría de los apartamentos suelen disponer de un pequeño balcón e incluso son muchos los que disfrutan de una a menudo desaprovechada terraza. Siendo así, ¿por qué no convertir ese espacio en un espacio saludable y de recuperación del contacto con la madre naturaleza?


El balcón: un vínculo terapéutico con la Naturaleza
No hace muchos años –cuando la gente se tomaba la vida con más calma– era frecuente ver los balcones de las casas llenos de plantas y de flores. Hoy día esa imagen ha quedado relegada a las postales bucólicas y a ciertas callejuelas de algún pueblo pintoresco. Si nos paramos un momento (y ya sé que no es fácil parar un momento) y nos fijamos en los balcones de las casas que nos rodean, veremos que la mayoría están vacíos y tristes. Parece que con las prisas, el estrés y el agobio de la vida actual no tenemos tiempo para cuidar de unas plantitas que alegren nuestra casa, nuestra ciudad y también nuestra vida

¿Por qué no nos tomamos lo de cultivar unas plantas en el balcón o en la terraza, como una práctica terapéutica?

Ciertamente, merece la pena –aunque sólo sea como acto sanador– recuperar cotidianamente el vínculo con nuestras raíces y con la naturaleza y no dejarlo únicamente para los agobiantes fines de semana en los que escapamos por millones de las grandes ciudades para ir a la montaña, a la playa, a la nieve o al pueblo de los abuelos.

Si lo pensamos bien, quizás el tiempo dedicado al cuidado de las plantas y al disfrute del espacio lleno de verdor y colorido nos aporte más beneficios psíquicos y físicos que la hora semanal de consulta psicológica o la media hora diaria de gimnasio.



Tierra, sol y agua para alimentar nuestras plantas
De hecho, las opciones para crear un balcón saludable son muchas y muy variadas, dependiendo tanto del espacio o el tiempo disponible como de las preferencias en cuanto a la elección de cultivos, la orientación solar o las condiciones climáticas.
En la práctica, podemos cultivar en nuestro balcón o en la terraza tanto flores y plantas ornamentales como plantas aromáticas, condimentarias o medicinales, e incluso –si tenemos espacio– algunas hortalizas de consumo frecuente.

El espacio. Por reducido que sea el espacio disponible, siempre hay posibilidades de tener plantas en casa. Si poseemos una amplia terraza todo es mas fácil, pero si sólo disponemos de un minúsculo balcón, también podemos llenarlo de verdor. Incluso cuando nuestra casa se limita a cuatro exiguas ventanas podemos recurrir a plantas de interior.

Los recipientes. Podemos procurarnos maceteros de medianas o grandes dimensiones (en los centros de jardinería o reciclarlos nosotros mismos) para el cultivo en los balcones o las terrazas. Es importante asegurarnos de la seguridad y la resistencia de la construcción, ya que entre los recipientes, la tierra, el compost y el agua de riego se acumula un peso considerable. También vigilaremos la correcta impermeabilización de los recipientes, procurando que los orificios de drenaje evacuen en un recipiente dispuesto de forma que pueda recoger el agua sobrante del riego.

La tierra. Podemos procurárnosla en el huerto de algún amigo o, en última instancia, comprarla en un centro de jardinería (tener amigos siempre tiene ventajas).
El compost. Es el alimento por excelencia de las plantas porque, aparte de los nutrientes básicos, los millones de microorganismos que lo componen vivifican la tierra y le aportan la adecuada fertilidad. Además, la materia orgánica que proporciona da textura y esponjosidad a la tierra, facilitando la absorción y la retención del agua, así como el buen desarrollo de las raíces. Las tierras abonadas y los sustratos de los centros de jardinería no son muy ecológicos que digamos, por lo que a ser posible intentaremos conseguir un compost con certificado de producción ecológica.

La maravilla de la perpetuación de la vida nos permite obtener nuestro propio compost, reciclando todos los restos y desechos orgánicos de la cocina y de la casa. Para ello podemos disponer de un práctico compostero doméstico en un rincón de la terraza. El libro Cómo obtener un buen compost (www.casasana.info ) puede serte de gran ayuda.

Luz. Es uno de los elementos imprescindible para la fotosíntesis y el buen desarrollo de las plantas. Si disfrutamos de abundante luz en la terraza o el balcón, sólo nos preocuparemos de distribuir las plantas en función de su mayores o menores necesidades . En caso de que no le llegue directamente la luz, podemos recurrir a plantas que prefieren la sombra o podemos pintar de blanco una pared soleada de la terraza para que refleje más luz hacia la zona de cultivo.

Agua. A menos que vivamos en una región lluviosa, será preciso que les aportemos a las plantas el agua que precisan para absorber los nutrientes de la tierra y desarrollarse bien. El riego podemos realizarlo a mano, con una regadera o una manguera, o recurrir a los prácticos sistemas de riego por goteo localizado, provistos de un sencillo programador automático de riego que tiene la ventaja de permitir que nos ausentemos durante largas temporadas sin que perezcan nuestras amadas plantas.

Mantenimiento. Las diversas tareas de mantenimiento del balcón o la terraza saludables requieren un mínimo de tiempo y de dedicación. Al principio puede parecernos complicado saber cuándo es el mejor momento para sembrar, plantar, regar o podar, pero con un mínimo de información y con la práctica cotidiana iremos adquiriendo experiencia y, al final, todo nos resultará relativamente sencillo y gratificante.



Hortalizas, hierbas y flores 
Aunque en los libros de jardinería y agricultura se suele insistir en que cada planta tiene necesidades distintas de luz, agua o nutrientes, en la práctica podemos dispensar cuidados similares a la mayoría de plantas de nuestra terraza o balcón. De hecho, una de las prácticas de la agricultura ecológica consiste en realizar asociaciones de cultivos, mezclando plantas distintas en un mismo espacio para que se complementen, se estimulen o se protejan mutuamente.

Cultivo de hortalizas. Si el balcón es pequeño, quizás debamos conformarnos con el cultivo de unas pocas hortalizas como las acelgas o el apio de pencas, puesto que podremos ir cortando hojas durante meses de una sola mata. Curiosamente, con las lechugas podemos hacer algo parecido cuando sólo tenemos unas pocas. Si únicamente contamos con tres lechugas y esperamos a que se hagan muy grandes para cortarlas y consumirlas, sólo comeremos lechugas durante tres días. En cambio, si a medida que van creciendo les vamos arrancando algunas hojas externas cada tres o cuatro días, podremos disfrutar de exquisitas ensaladas durante uno o dos meses, hasta que el excesivo calor las haga montar en flor.

¡Cuidado con las plantas muy voluminosas! Una mata de calabacín es muy vistosa, pero también ocupa mucho espacio. En cambio, dos o tres matas de tomates resultan muy decorativas y nos proveerán de frescos y suculentos tomates durante varios meses.

Junto a las lechugas, tomates o pimientos, e incluso junto a las plantas ornamentales o aromáticas (albahaca, romero, espliego…), podemos sembrar rabanitos, nabos, cebollas, puerros o ajos, ya que ocupan poco espacio y se estimulan mutuamente.
Suele decirse que el cultivo de hortalizas es complicado o da mucho trabajo, pero lo cierto es que si seguimos los métodos y las recomendaciones de libros como El huerto familiar ecológico o la Agenda del huerto y el jardín ecológicos, todo resulta relativamente sencillo. Con pocos conocimientos, poco espacio, poco esfuerzo y poco tiempo, obtendremos abundantes y nutritivas cosechas.

Plantas ornamentales: La gran variedad de formas, tamaños, coloridos y floraciones en diferentes épocas del año nos ofrecen una infinidad de posibilidades, sólo limitadas por los gustos personales y las posibilidades de espacio, luz y agua. Siempre puedes decantarte por plantas rústicas como las margaritas o los geranios, y si te apetece puedes intentar cultivar plantas más delicadas como los rosales, las hortensias o las fucsias. Si disponemos de espacio, una vistosa buganvilla nos ofrecerá su exuberante colorido durante meses. Y ¿por qué no unos girasoles? Constituyen un espectáculo digno de ver.

Plantas aromáticas y medicinales. Entre las aromáticas y condimentarias no puede faltar la apreciada albahaca, con la que daremos unos toques de fresco sabor a las ensaladas o prepararemos una estupenda salsa pesto . La mejorana puede sustituir con creces al orégano de las pizzas y de otros guisos.
En cuanto a las plantas medicinales, tal vez sea interesante procurarnos una selección que cubra ampliamente el “botiquín de primeros auxilios”. Entre las más populares podemos cultivar –junto a otras plantas aromáticas u ornamentales– una digestiva manzanilla, la calmante valeriana, el estimulante romero, la refrescante menta, el antiséptico y anticatarral tomillo o la polivalente salvia, de la que asegura el dicho opular: “¿Tienes salvia en el huerto y a tu hijo muerto?”.


¡Decídete! ¡Vale la pena! 
Si aún nos asaltan muchas dudas, no nos sentimos capaces o no acabamos de decidirnos porque pensamos que no tenemos experiencia, quizás podamos empezar recabando el máximo de información posible, ya sea a través de libros o de las experiencias de amigos o gente conocida. Poco a poco nos haremos una idea general y terminará siéndonos fácil planificar el diseño y la realización, evaluando todas las posibilidades y las limitaciones que podamos encontrar. De todos modos, hay que ser valientes y arriesgarse a experimentar. Pensemos que, a menudo, el mayor fracaso que podemos cosechar es el que se produce cuando ni siquiera lo intentamos. Puede salir mejor o peor, o podemos encontrarnos con algunos problemas de difícil resolución, pero un balcón o una terraza llena de vida, luz y color siempre será una fuente de gratificantes y enriquecedoras experiencias que aportarán belleza a nuestro entorno y nos darán salud y mayor calidad de vida.
Mariano Bueno
Autor de  El Huerto familiar ecológico.